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En la localidad de Arjonilla la actividad de la cerámica ha existido desde antiguo, organizándose su explotación inicialmente en pequeños talleres familiares donde se fabricaban los utensilios más corrientes y necesarios para la vida de la población. Así, existen antecedentes escritos en los archivos municipales de la existencia de algunas familias dedicadas a la fabricación de cántaros, platos y demás utensilios domésticos.

Con el paso de los años y ante la calidad de la arcilla de las canteras contiguas al núcleo de población, se va desarrollando una industria de fabricación de tejas y ladrillos artesanales, organizada también en talleres familiares que fabricaban más o menos piezas en función del número de personas que componían el núcleo familiar. Estos antiguos tejares consumían la arcilla local que transportaban con burros desde las canteras cercanas. La amasaban y preparaban utilizando los pies en una especie de albercas destinadas al efecto. Una vez preparada la arcilla de esta forma se procedía a la fabricación de las diferentes piezas mediante la utilización de moldes construidos con maderas, en los diferentes tamaños y formas, al igual que las tejas.

El secado se hacía extendiendo las piezas en extensas eras, donde cada cierto tiempo había que voltearlas para que el secado fuera uniforme. Posteriormente una vez secadas las piezas al sol se cocían en hornos tipo árabe donde el fuego no anda, utilizándose como combustible el ramón (hoja del olivo). Esta incipiente industria fue creando toda una serie de usos y costumbres en cuanto al tipo de jornal, el reparto de la producción entre los miembros de la familia y la venta del material a los compradores que iban apareciendo por la localidad.

Con el tiempo, la escasa producción de estos tejares y la competencia que se hacían unos con otros, hizo que muchos de ellos cerraran y otros prefirieran vender la producción de cada uno de ellos en común, lo cual fue el germen de la CERÁMICA DE GARCÍA MORÓN, ya que en un cierto momento esta familia que poseía uno de esos tejares llegó a comprar toda la producción de los demás, actuando a modo de “broker” en el pequeño mercado local.

Finalmente, muchos de los antiguos tejares fueron cerrando hasta que hacia 1950 se monta la Cerámica de García Morón, ya con maquinaria que empezaba a verse por España para la fabricación de tejas y ladrillos a máquina. Durante estos últimos 50 años, lo que comenzó como una producción de ladrillos para construcción, se ha ido adaptando a los cambios y ha desarrollado líneas de productos especiales para decoración de fachadas, solerías rústicas en barro cocido y últimamente azulejos de barro pintados a mano.

La empresa es consciente del potencial de crecimiento que tienen los productos que fábrica, tanto en el mercado nacional como en el internacional, por lo que actualmente centra sus objetivos en la apertura de nuevos mercados para sus líneas de productos más novedosas que a la vez son las que enlazan directamente con sus más antiguos antecedentes.

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